Carlos Gómez Lira Advertisement
Tal como el Carpintero negro simboliza los grandes bosques de la zona templada lluviosa del Sur de Chile, el Martin Pescador, aunque en general y por desgracia muy escaso, forma parte inseparable de los innumerables ríos y lagos de estas mismas regiones y hay mayor probabilidad de encontrarlo a medida que se aleja de las zonas habitadas; en el extremo sur de la isla grande Chiloé y en las islas Guaitecas llega a ser casi numeroso.
El Gaviotín boreal es un visitante estival, lo podemos encontrar en verano en las orillas de playas, y desembocadura de ríos.
De Aconcagua al Sur el Tiuque (Chimango en Argentina) es una de las aves más abundantes que tenemos en el país. De las dos subespecies, la presente se encuentra desde Atacama -donde es bien escasa- hasta Ñuble y Concepción, y la otra desde allí hasta Magallanes y Tierra del Fuego.
Pariente muy cercano del jergón grande, el Pato gargantillo es de distribución más septentrional (norte), pues habita desde el Sur de Estados Unidos y Méjico por América Central y Las Antillas hasta la Pampa central argentina. A Chile llega sólo en forma esporádica.
En el sentido estrictamente comercial, el Cormorán guanay es, sin lugar a duda, el ave silvestre más valiosa del mundo, pues el guano que produce y deposita en las islas áridas de la costa peruana, ha representado para ese país una entrada de muchos millones al año. Con razón ha sido llamada el «Ave del billón de dólares».
El Fringilo plomo es una de las aves de distribución más extensa, encontrándose desde la frontera con el Perú hasta Magallanes y Tierra del Fuego. En las provincias del Norte y Centro del país es exclusivamente habitante de la cordillera de los Andes, en la cual anida a alturas mayores de 2.700 metros, pero a medida que se avanza hacia el Sur se le encuentra a alturas cada vez menores hasta llegar al nivel del mar.
El Chincol es, sin lugar a dudas, una de las aves más abundantes y
mejor conocidas en todo Chile, estando representado por una u otra de sus cinco razas por todo el territorio de la República, desde la frontera con el Perú hasta el cabo de Hornos.
De tamaño más chico que el Chercán, pero igualmente inquieto y vivaracho, el Sietecolores es una preciosura de avecita que se destacaría en cualquier ambiente o compañía por la extraordinaria belleza de los siete colores diferentes que ostenta en su plumaje (amarillo, azul, blanco, bronceado, carmesí, negro y verde) formando entre sí un conjunto tan armonioso у bello como para entusiasmar a cualquiera.
Estos loritos llegan hasta la precordillera de la zona central todos los años en los meses de septiembre a marzo. Al otro lado de la cordillera, en las provincias argentinas de Mendoza, Córdoba, La Rioja y Catamarca, es ave abundante.
Del mismo corte que una Diuca, pero un poco más chico, el Cometocino Patagónico se distingue fácilmente por su plumaje tan diferente, pues sólo la cabeza, garganta, alas y cola son grises y todo el resto del cuerpo, anaranjado arriba y por abajo bien amarillo. La hembra es similar, mas con el amarillo más apagado y las partes grises un poco tiradas al negro.