Carlos Gómez Lira Advertisement
El Chincol es, sin lugar a dudas, una de las aves más abundantes y
mejor conocidas en todo Chile, estando representado por una u otra de sus cinco razas por todo el territorio de la República, desde la frontera con el Perú hasta el cabo de Hornos.
De las 40 especies o subespecies de Cazamoscas que habitan tierra chilena, el Fio-Fio es probablemente la más abundante y mejor conocida, encontrándose en todas partes (a excepción de aquellas regiones de las cordilleras que pasan de 2.000 metros) desde la provincia de Atacama (Vallenar) por el Norte hasta Magallanes y Tierra del Fuego por el Sur.
De los cinco miembros de esta familia que habitan nuestro país, la Huala es el más grande y probablemente el más conocido. Es llamado así por su grito lastimero y triste, que se parece al maullido de un gato. No hay dimorfismo, siendo el macho levemente más grande que la hembra.
El Fringilo plomo es una de las aves de distribución más extensa, encontrándose desde la frontera con el Perú hasta Magallanes y Tierra del Fuego. En las provincias del Norte y Centro del país es exclusivamente habitante de la cordillera de los Andes, en la cual anida a alturas mayores de 2.700 metros, pero a medida que se avanza hacia el Sur se le encuentra a alturas cada vez menores hasta llegar al nivel del mar.
El Gaviotín elegante es un visitante estival, lo podemos encontrar en verano en las orillas de playas, y desembocadura de ríos.
Aunque distribuido por casi toda Sud América, el Picurio es el más escaso de esta familia en Chile, encontrándose en número reducido desde Coquimbo hasta Llanquihue. En lagunas y ríos tranquilos de Concepción a Valdivia es algo común.
Su reducido número se explica porque es muy territorial, es frecuente encontrar solo una pareja en cada sector de un humedal o laguna. No permite que otros de su especie entren en su territorio.
Después de la Diuca, el Chirigüe es probablemente el ave más abundante de Chile. Se le encuentra en todas partes y en toda época del año desde Atacama hasta Chiloé, Aysen y las Islas Guaitecas, pero, al igual que el Jilguero, no sube más allá de unos 1.500 metros en la cordillera.
Estos loritos llegan hasta la precordillera de la zona central todos los años en los meses de septiembre a marzo. Al otro lado de la cordillera, en las provincias argentinas de Mendoza, Córdoba, La Rioja y Catamarca, es ave abundante.
En contraste completo con la Dominicana, esta Gaviota tiene una zona de distribución limitada prácticamente a las costas áridas del litoral pacífico desde Coquimbo en Chile hasta las islas Lobos de Tierra en el Perú, siendo mucho más abundante en aguas de este último país que en las del nuestro.
El Águila se encuentra en calidad de ave residente por todo el país desde la frontera con el Perú hasta Tierra del Fuego; en ambos extremos es escasa, pero en algunas partes de la zona central y especialmente a lo largo de las cordilleras bajas llega a ser casi numerosa. En cualquier viaje que se haga por esos parajes cordilleranos es casi seguro ver a algunos ejemplares volando descansadamente en grandes círculos.